Hace unos dÃas llegó a mis manos una novela titulada "La carrtera". Fue una llegada equÃvoca, y ahora contaré por que.
Estaba haciendo un pedido de libros en cyberdark y encontré la reseña de la novela. Creo que empezaba con algo asà como "En un mundo debastado por una guerra nuclear, un padre y su hijo...". Dejé de leer en ese punto para darle un clic al carrito de la compra. Apenas un dÃa más tarde llegó el ansiado paquete de libros. "La carretera" fue el primero que cojÃ; era pequeño, la portada oscura dividida en dos por una carretera que se pierde en la lejanÃa, una lÃnea continua, tenuamente brillante, dividiendo la carretera y el fantasmal mundo en dos.
![]() | Me tumbé en el sofá y abrà el libro "Al despertar en el bosque en medio del frio y la oscuridad nocturnos habÃa alargado la mano para tocar al niño que dormÃa a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los dÃas más gris que el anterior." Un regocijo interno me recorrió de parte a parte, aumentando según iba deslizando la páginas. Aquello prometÃa. Pronto aparecerÃan hordas de mutantes destacadas contra el cielo plomizo sobre colinas arrasadas, y los valientes protagonistas tendrÃa que luchar o uir. EncontrarÃan un bunquer perdido, lleno de cadaveres vestidos con mortajas militares, y en lo más profundo hallarÃan el despacho del PRESIDENTE. Anonadados leerÃan las ultimas comunicaciones "...confirmamos impacto directo sobre Nueva York..." "...dosciento pajaros rojos en trayectoria suborbital polar confirmados..." " ...se han perdido todas las comunicaciones con el noroeste..." "... confirmación visual de un impacto directo sobre el NORAD..." "...todos nuestros pájaros en el aire,launch-on-warning , trayectorias correctas, tiempo estimado para el primer impacto 40 minutos..." "...múltiples impactos en el territorio nacional, se confirma ataque de primera oleada masivo...". El ultimo mensaje lo tendrÃan que arrancar de la cadavérica mano del presidente "...el avión de la primera dama a dejado de trasmitir sobre el Atlántico medio...". CorrerÃan de aquà para alla visitando las ciudades en ruinas, sorteando peligros, hallando sociedades atÃpicas en los subterraneos del metro, disparando su m-4 rescatado del bunquer contra odiosos bandoleros, y al final,con un poco de suerte, después de lidiar con la muerte, la radiación, los mutantes, y otros tantos peligros encontrarÃan un refugio sorprendente al llegar a la costa, un bunquer invernadero, lleno de buena gente y esperanza de un futuro mejor. |
Pero nada de eso llegó a ocurrir. Página tras página el polvo lo invadÃa todo, el polvo y las cenizas. Los párrafos eran un paisaje muerto de árboles abatidos, rÃos negros, ruinas solitarias, frio y silencio. Padre e hijo dejaban sus huellas, patéticas y ateridas, sobre una carretera indiferente, y transitaban más muertos que vivos a través del la soledad y el hambre, siempre el hambre, y el frio. Los diálogos cortos y asépticos, monosiÃlabos que se escapan de unos labios agrietados, preguntas como respuestas, la palabra naciendo muerta, la palabra confirmando que seguÃan vivos "Tienes que hablarme" "Vale".
Me dà cuenta que los mutantes no aparecerÃan nunca, que el bunquer secreto se disolverÃa en la nada de un cielo pizarroso, que las brillantes aventuras empuñando un rifle de asalto quedarÃan sepultadas para siempre bajo un lodo de hojas muertas y latas de conserva oxidadas. Me habÃan engañado, pero ya era demasiado trade para mÃ. Estaba atrapado por las impávidas garras del hambre, un hambre reptante y crónica que corroe el espÃritu y el cuerpo. Sólo podÃa seguir rebuscando entre la basura olvidada por muertos sin nombre ni pasado, esperando encontrar un rastro de alimento. Sólo podÃa arrebujarme en mi sofá calado por un frÃo marmoreo y gris que el fuego no podÃa mantener a raya. El mundo habÃa muerto, el mundo habÃa desaparecido y ya sólo quedaba la carretera que lo dividÃa, a un lado la nada, la nada al otro. "Al sur, vamos al sur" porque en el norte soplaba la parca entre desfiladeros y sobre sembrados secos, al sur, hacia millas y millas de territorio desértico y debastado. Al sur, no porque brillase ninguna esperanza, ya no quedaba nada, sino porque pararse era hacerse uno con el paisaje, pasar de la vida a la quietud, ceder el poco calor al viento y perderlo por siempre, un bulto más en el arcén que no merecerÃa apenas un vistazo buscando unos zapatos. Y sin embargo la tentación continua del abandono, la promesa, no de la salvación, no de una vida mejor, sino del descanso, la promesa de dejar de sufrir el tormento de la desesperanza más absoluta.
Me revolvà inquieto en mi sofá. ¿Qué les impulsaba al fin y al cabo? No tenÃan nada y no podÃa esperar nada. Se acabó "un mañana mejor" o "la promesa de un nuevo dÃa", todo lo que tenÃan era la amenaza de que el siguiente amanecer fuera aun peor que el anterior. La esposa, la madre nebulosa de un pasado al que renuncian para seguir viviendo, era en realidad la persona más cuerda de la novela, la única con el valor y el buen gusto moral de no llevarle la contraria a la verdad: que ya estaba todo muerto y perdido, que nada volverÃa a ser pues nada quedaba ya. El padre se sacude la cordura y arroja su foto al olvido de las cenizas para porder continuar "Al sur, vamos al sur". Pero no puede renunciar a su hijo, no puede abandonar lo único que es en el mundo del no ser; su hijo es su pasado, el único vÃnculo con lo bueno y lo decente, con lo amable, con lo suave y caliente, con el sol y las estrellas "Somos los buenos ¿verdad papa? Si hijo,somos los buenos".
Al final me quedé helado como una roca azotada por una galerna de febrero. La muerte, presente desde el principio, compañera de cada paso, de cada comida, de cada palabra, acaba reinando, arrancando al uno del otro, dando paz y arrebatándola, desconsuelo en la inmensidad de un océano de desesperanza. Y en el momento más incierto nos brinda un rayo de luz "La mujer al verle lo rodeó con sus brazos y lo estrechó.Oh, me alegro tanto de verte." para arrebatarnoslo cruelmente en el ultimo parrafo "De una cosa que no tenÃa vuelta a tras. Ni posibilidad de arreglo." "¿Vale? Vale."
Cerré el libro y volvà a mirar la portada, la carretera ondulándose en la oscuridad, y me pregunte quien diablos era Cormac McCarthy y por que hasta ese momento no habÃa oido hablar ni una sola palabra sobre él. Descubrà asombrado que incluso existÃa una pelÃcula basada en la novela, de estreno nada menos, pero esa es otra historia, y no se si merece ser contada.



